Adorni explica qué significa “deslomarse”: una semana en Nueva York… pero con mucho sacrificio

El jefe de Gabinete explicó con claridad pedagógica qué quiso decir cuando afirmó que viajó a Nueva York a “deslomarse” durante su estadía oficial, mientras se alojaba —casualmente— en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad y utilizaba el Boeing 757 presidencial argentino para trasladarse.

“Vengo a deslomarme y quería que me acompañe”, dijo en referencia al viaje de su esposa, una frase que rápidamente generó una saludable reflexión nacional sobre el concepto moderno de esfuerzo físico.

Según explicó el funcionario, el sacrificio fue real y profundo. “No cualquiera puede soportar jornadas tan duras como elegir entre room service o restaurante, o decidir si la reunión diplomática se hace antes o después de una caminata por Manhattan”, detalló.

La definición de “deslomarse”, sin embargo, despertó comparaciones inevitables con otros oficios tradicionalmente considerados exigentes.

Por ejemplo:

  • El albañil que carga bolsas de cemento de 50 kilos bajo el sol chaqueño aparentemente no se deslomaría, ya que carece de un minibar internacional cerca.
  • El enfermero que hace guardias de 12 horas probablemente tampoco, dado que no enfrenta el estrés de elegir entre agua con gas o sin gas en un hotel cinco estrellas.
  • El trabajador rural que empieza a las cinco de la mañana difícilmente comprenda el verdadero peso del sacrificio diplomático de caminar tres cuadras en Manhattan para asistir a un evento.

Especialistas en semántica política explicaron que el término “deslomarse” ha evolucionado con el tiempo. Antiguamente se asociaba a esfuerzo físico extremo; hoy, en algunos círculos del poder, parece referirse a la intensa actividad de agenda que implica asistir a reuniones internacionales con vista al Hudson.

Consultado sobre la polémica, el funcionario insistió en que su agenda fue muy exigente. “Fue una semana muy dura”, afirmó, mientras ajustaba el horario del spa para que no coincidiera con una recepción diplomática.

Mientras tanto, miles de trabajadores argentinos observaron la noticia con una mezcla de sorpresa y aprendizaje conceptual. Muchos confesaron que, tras años de cargar ladrillos, manejar colectivos o atender guardias médicas, recién ahora comprenden que el verdadero deslomarse ocurre a más de 8.000 kilómetros de casa y, preferentemente, con almohadas de pluma egipcia.

Fuentes cercanas al gobierno aseguraron que el caso podría sentar jurisprudencia y redefinir el concepto nacional de esfuerzo: si hay jet oficial, hotel de lujo y agenda internacional, el sacrificio está garantizado.

Los albañiles, por su parte, siguen evaluando si deberían pedir que el próximo andamio tenga vista al Central Park para empezar a “deslomarse” como corresponde.