Prometen cifras más tranquilizadoras, especialmente para quienes no van al supermercado.
Tras la renuncia de Lavagna y en medio de crecientes sospechas sobre la veracidad de los índices oficiales, el Gobierno anunció a Pedro Lines como nuevo titular del INDEC, quien adelantó que implementará una metodología innovadora y accesible: medir la inflación con los ojos cerrados.
Según explicaron desde el organismo, el método consiste en no mirar precios, no comparar tickets y, fundamentalmente, no escuchar a la gente. “Cuando uno deja de observar la realidad, los números mejoran solos”, afirmó el flamante funcionario mientras firmaba un informe con sonrisa serena.
La decisión llega luego de que los últimos índices de inflación fueran celebrados oficialmente y cuestionados socialmente en partes iguales. “Las estadísticas son claras: la inflación baja. Lo que sube es la percepción, el alquiler, la carne, el transporte y la paciencia”, aclararon desde el INDEC en un comunicado redactado en letra chica.
La salida de Lavagna fue presentada como una renuncia “por motivos personales”, aunque fuentes cercanas aseguran que el exfuncionario habría manifestado dificultades para seguir explicando números que no coincidían con la heladera, la billetera ni la góndola del chino.
Desde el organismo estadístico también se informó que la canasta básica será actualizada para adaptarse a los nuevos tiempos. Entre los productos incluidos figuran: fe, resignación, recuerdos de precios de 2019 y la esperanza de que el sueldo alcance “al menos en Excel”.
Consultados por NotiHumor, economistas independientes señalaron que los índices “pueden ser correctos”, siempre que se midan en un país paralelo donde el café no cuesta lo mismo que una comida y donde los salarios no se evaporan antes del día 10.
En tanto, desde el Gobierno llamaron a la tranquilidad y recordaron que la inflación es una sensación, muy similar a la de llegar a la caja del supermercado y sentir que algo no cierra… pero igual pagar.
Mientras tanto, el nuevo titular del INDEC ya adelantó la próxima etapa del plan estadístico nacional: medir la pobreza con luces apagadas y el poder adquisitivo usando precios de memoria.
